Una investigación argentina demuestra que la soja no depende únicamente de la autopolinización para formar semillas. El estudio detectó un mecanismo reproductivo hasta ahora desconocido y reveló que los polinizadores silvestres cumplen un papel clave para sostener el rendimiento.
Durante décadas, la soja fue considerada un cultivo prácticamente independiente de los insectos para su reproducción.
Sin embargo, una investigación realizada por especialistas del INTA y el Conicet acaba de aportar evidencia que obliga a revisar ese paradigma.
El trabajo demuestra que la planta no siempre logra fecundarse de manera eficiente por sí sola y que la presencia de polinizadores naturales puede mejorar la formación de semillas y, en consecuencia, el rendimiento.
LA SOJA Y LOS POLINIZADORES
Los resultados fueron publicados en la prestigiosa revista Scientific Reports, de la editorial Nature, y constituyen un punto de partida para replantear tanto las estrategias de mejoramiento genético como el manejo agronómico del cultivo.
La investigación estuvo a cargo de Pablo Cavigliasso, del Grupo de Gestión Ambiental de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Marcos Juárez, junto con Marina Strelin, del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (Conicet-Universidad Nacional de Córdoba), y Marcelo Aizen, del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Conicet-Universidad Nacional del Comahue).
Los avances también serán uno de los ejes de la jornada “Polinización en agroecosistemas de soja”, que se realizará el 30 de julio en la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Marcos Juárez, donde investigadores y técnicos analizarán el aporte de los insectos polinizadores al cultivo y las estrategias para potenciar los servicios ecosistémicos asociados a la producción.
“El hallazgo introduce nuevos interrogantes para el mejoramiento genético y el manejo productivo, ya que estos mecanismos, poco considerados hasta ahora, podrían estar influyendo en la formación de semillas y en la expresión del rendimiento”, afirmó Cavigliasso.
LA INVESTIGACIÓN SOBRE LA SOJA
El estudio se desarrolló durante la campaña 2023/24 en un lote de 24 hectáreas de la Estación Experimental de Marcos Juárez. Allí, los investigadores monitorearon la floración en 15 parcelas rodeadas por vegetación ruderal y con presencia de colmenas y polinizadores silvestres.
Durante cuatro semanas analizaron 186 flores mediante microscopía de epifluorescencia y registraron las visitas de abejas melíferas y otros insectos polinizadores. Posteriormente, evaluaron cuántos óvulos lograban transformarse en semillas, utilizando ese parámetro como indicador de productividad.
“Durante cuatro semanas se tomaron muestras de 186 flores, que luego fueron analizadas por microscopía de epifluorescencia, y se cuantificaron las visitas de abejas melíferas y de polinizadores silvestres. Al cosechar, se tomó la proporción de óvulos que se transformaron en semillas en cada lote como un indicador de la productividad“, explicó Cavigliasso.

El principal descubrimiento fue la detección de un fenómeno que hasta ahora no había sido descrito en soja: parte del polen germina de manera prematura dentro de las propias anteras, antes de llegar al estigma, donde debería concretarse la fecundación. Ese comportamiento podría disminuir la eficiencia de la autopolinización y limitar la capacidad reproductiva de la planta.
EL APORTE SILENCIOSO DE LOS POLINIZADORES
Frente a esa limitación, el estudio mostró que la actividad de los insectos puede compensar parcialmente el problema. Cuantas más visitas recibieron las flores, mejor fue la germinación de los granos de polen sobre el estigma, incluso cuando existían altos niveles de polen prematuramente germinado.
Uno de los resultados más llamativos fue que los polinizadores silvestres de pequeño tamaño, como abejas nativas y moscas, aunque fueron observados con menor frecuencia que las abejas melíferas, tuvieron un impacto proporcionalmente mayor sobre la correcta polinización de las flores.

El hallazgo surgió de manera inesperada. Los investigadores habían diseñado inicialmente un ensayo basado en antecedentes que mostraban mejoras de entre un 20% y un 30% en la formación de vainas y semillas gracias a la acción de los polinizadores. Sin embargo, al comenzar a analizar las muestras, encontraron un fenómeno completamente distinto.
“Al revisar las flores, observamos la presencia de tubos polínicos dentro de las propias anteras, antes de que el polen llegara al estigma. Las abejas, en cambio, transportaban polen viable, sin germinar, en condiciones para una buena polinización. Ese contraste nos llevó a profundizar en un fenómeno que no había sido descripto hasta ahora en soja”, señaló Strelin.
NUEVOS DESAFÍOS PARA EL MEJORAMIENTO GENÉTICO
A partir de estos resultados, los investigadores consideran necesario revisar uno de los principales supuestos sobre el cultivo: su condición de especie eminentemente autógama.
Además, plantean nuevas líneas de trabajo para determinar si la germinación prematura del polen podría estar relacionada con los criterios actuales de selección genética, orientados a desarrollar cultivares de ciclos reproductivos cada vez más cortos.
“Cada vez más se apunta a cultivares de ciclos cortos, para lograr más de una floración y cosecha por temporada o para escapar de las primeras heladas“, explicó Cavigliasso, al advertir que esa estrategia podría estar influyendo indirectamente sobre otros procesos reproductivos.
Por su parte, Strelin agregó: “Los genes que regulan el tiempo entre la germinación y la floración también pueden incidir sobre otros rasgos. Cuando distintas características están bajo un mismo control genético, al seleccionar una podemos estar afectando otras que no vemos“, indicó, al referirse al fenómeno conocido como pleiotropía.
En paralelo, el trabajo también revaloriza el rol de la biodiversidad dentro de los sistemas agrícolas. “Se empiezan a reconocer muchas abejas pequeñas y moscas nativas que no solo polinizan, sino que también cumplen otras funciones, como el control biológico“, destacó Cavigliasso.
De esta manera, la investigación no solo abre una nueva agenda científica para comprender mejor la reproducción de la soja, sino que también pone sobre la mesa un concepto cada vez más relevante para la agricultura moderna: conservar la biodiversidad puede transformarse en una herramienta productiva tan importante como la genética o el manejo del cultivo.

